La boda de Marta y Fran en Campo Ramona

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Una de las últimas bodas que hemos vivido en Campo Ramona ha sido la de Marta y Fran. Y la verdad, fue una de esas celebraciones bonitas de principio a fin. Todo se desarrolló con naturalidad, con mucho gusto y sin grandes artificios, pero con detalles cuidados que hablaban mucho de ellos.

Una llegada inolvidable en coche clásico

Llegaron al campo de una forma muy especial: en uno de los coches clásicos de Sauclass. Cada vez más parejas apuestan por este tipo de vehículos para su gran día, y no es para menos. Tienen ese punto elegante y atemporal que hace que el momento de la llegada sea aún más especial. La imagen de Marta y Fran bajando del coche, con el campo de fondo, fue uno de los momentos más bonitos del día. Miguel Ángel Rocha fue el encargado de capturarlo todo, y como siempre, supo estar en el lugar justo y en el momento perfecto.

Una entrada al banquete con bengalas de humo

El espacio del banquete se decoró en blanco, con detalles en verde que aportaban frescura y elegancia, y estuvo a cargo de Floristería Ana, que supo combinar los tonos y materiales a la perfección. Las mesas estaban pensadas con mucho mimo: sencillas, pero con personalidad. Todo tenía ese aire natural y cuidado que encaja muy bien con el entorno de Campo Ramona y la pareja.


Uno de los momentos más especiales fue cuando los novios entraron al banquete rodeados de sus invitados, con bengalas de humo en color azul. Fue una entrada diferente, divertida y muy visual. Pequeños gestos como ese hacen que cada boda tenga su toque único.

Seating plan rústico con mimbre y flores verdes

El seating plan fue uno de los rincones más bonitos. Con una estructura de madera, flores verdes y cestos de mimbre, consiguió ese efecto de rincón especial sin perder naturalidad. El mimbre, que estamos viendo mucho en bodas de verano, aporta ese toque rústico y cálido que tanto nos gusta: sencillo, ligero y muy en línea con lo que pide esta época del año.

Estilo de los novios: elegancia con personalidad

Marta estaba espectacular con su vestido de Pepa Cabañés, elegante y con un punto desenfadado que le quedaba como un guante. Fran tampoco se quedó atrás, con un traje de Don Félix que encajaba a la perfección con el estilo de la boda: formal, pero con personalidad.

Lo que más nos gustó, más allá de la decoración o los detalles, fue el ambiente. Se respiraba cercanía, alegría y muchas ganas de pasarlo bien. Marta y Fran tenían claro lo que querían, y consiguieron que su boda fuera muy ellos: sencilla, bonita y auténtica.

Y ahora que ya estamos en plena temporada de bodas de verano, seguimos con la misma ilusión de siempre, o incluso más, por acoger cada historia, cada pareja y cada celebración. Tenemos muchas ganas de seguir viendo este espacio lleno de sonrisas, abrazos y momentos especiales.

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